1/10/07
Ha pasado mucho tiempo desde el último articulillo friki, y podría justificar esta dejadez lanzando la típica evasiva de que el universo conspira contra mí para impedir el logro de mis objetivos. Bueno… Es verdad que me putearon en el curro, se me estropeo el ordenata y me quede sin internet. En fin lo importante es que seguimos aquí y tras esta pequeña parada veraniega esperamos volver con más fuerza, por ello sin más demora vamos a centrarnos en el tema que hoy nos toca:

Desde el primer momento hemos enfocado el mundo friki
desde el aspecto audiovisual, sin contar que desde muy pequeños ciertos
productos “alimenticios” han contribuido enormemente en la formación y crecimiento
del auténtico freak. Sin olvidar los esos regalitos complementaros como
pegatinas, muñequitos, tazos... Es imposible poner todas las chuches que
marcaron nuestra niñez, sin embargo muchas de las que aparecen os resultaran
algo conocidas.
Para evitar confusiones, es imprescindible aclarar que este
artículo no va sobre el grupo musical Las Chuches.

Además
su primer nombre artístico fue Las Chochos, pero la productora no
estaba muy de acuerdo.
Las
chuches a las que me refiero son esas de:
¡¡¡Mami
cómprame una chuche, joooooo!!!
¿Quién
no ha lloriqueado esto alguna vez?
Antes
de que tuviera razón ya existía.

Había
días que tu madre se levantaba un poco más tarde de lo habitual y como no le
daba tiempo de hacerte el bocata para el cole te compraba un Bollycao. Cuando
te lo comías en el recreo te surgían preguntas del tipo: ¿Cómo meterán el
chocolate dentro sin abrirlo? ¿y por qué un extremo tiene siempre más chocolate
que el otro? Pero no nos engañemos, la verdadera razón de porqué te gustaba más
Bollycao que cualquier otro sucedáneo era la pegatina.
Esa pegatina envuelta en papel blanco manchado de chocolate,
han pasado muchas y de diferentes tipos, pero algunas han dejado huella, como
aquellas que reflejaban mediante dibujitos las frases más molonas.

Muchas de estas frases fueron utilizadas por los guionistas
de Terminator 2, como:
-Sayonara
baby.
-¡Tranqui tío que hay confi!
-¡Corta Blas que no me vas!
Un nuevo personaje alienígena invadió nuestro vocabulario.

También había súper promociones en las que podías participar
en el sorteo de la tan codiciada Mega Drive, sólo tenías que reunir 15 puntos
de nada, mandarlo a la dirección estipulada y esperar sentado.

Dudo que existiera el cromo premiado y mucho menos esos
relojes holográficos de Sonic.
Las pegatinas eran la caña.

Gracias ha estas pegatinas
podíamos descubrir diferentes aspectos de la vida cotidiana de Sonic.
Dejando
atrás el mundo de la bollería nos adentramos en el lado oscuro de las
frikichuches. Si analizamos los diferentes componentes químicos que se le
añaden a la sacarosa podemos obtener infinidad de sustancias adictivas. Mi vida
de estupefaciente comenzó a los 6 años, cuando me enganché a los palitos pica
pica, hasta que descubrí el fresquito.

Observen
la cara de flipado que tiene el chavalito, ese si que esta experimentando un
auténtico viaje.
Luego
me pase al pica pica de diseño.

El Escalofrió es un alto concentrado en pequeñas dosis, cada
paquetito contenía tres pastillas. Hubo un tiempo que fue retirado del mercado,
sólo se podía pillar en una tienducha del polígono, que tenía almacenadas
grandes cantidades. Menos mal que sanidad le volvió a dar el visto bueno.
Hay
una extraña belleza en todo esto.

No
se conoce muy bien su composición química, pero para los que no lo hayan
probado todavía les podemos rebelar que se trata de un potente ácido con un
leve toque efervescente.
Y
por supuesto no puede faltar una golosina tan veterana como el Peta Zeta.

Este
producto llevaba la tira de años en el mercado, de hecho, no recuerdo la primera
vez que lo probé. No es tan adictivo como el Escalofrío pero si más divertido,
por ello no podía faltar en ocasiones especiales.
La
compañía que lo fabrica se llama Zeta Espacial S.A.

He
escuchado rumores de gente que lo ha mezclado con Coca Cola y ha explotado, o
que le han echado Peta Zetas al gato en la comida y este no ha parado pegar
saltos. Por si las moscas os pasamos los ingredientes, espero que no seáis
alérgicos al Anhídrido Carbónico E-290.
Llegados a este punto en el que rozamos el tema de la goma
de mascar. Se podría escribir millones de marcas de chicles, pero hay que
reconocer la existencia de una marca líder. ¿Quién no recuerda al Súper Héroe
Boomer? Que casualmente tenía los mismos poderes que Mr Fantástico.

La historia empezó con los clásicos menta y fresa, pero un
buen día digi-evolucionaron hacia una gran variedad de sabores.

El Boomer cola pego el pelotazo, sin embargo
hubo sabores que fracasaron estrepitosamente como es caso del Boomer regaliz, o
el chocolate. No comprendo como pudieron venirse abajo las ventas del Boomer
natilla, conozco a mucha gente que le gustaba.
Desde
siempre este chicle se ha caracterizado por su calidad, era tan bueno que no
traía pegatina de regalo. Te duraba mucho más tiempo el sabor que otros y
además podías hacer pompas inmensas. El actual Boomer deja mucho que desear.

En algunos sabores le añadieron un nuevo principio activo
llamado Jelly. Se trata de una sustancia viscosa situada justo en el centro del
chiche, supuestamente es un potenciador del sabor. Me propuse probarlo y no sé
si me creerán. Apenas pude masticarlo. El chiche se me disolvió en la boca y me
lo trague como si fuera un Sugus.

En contadas ocasiones le fui infiel a Boomer, como aquella
vez que los chicles Sonric’s traían las pegatinas de Dragon Ball, me faltan
sólo cinco para completar el álbum, si alguien las tiene se las compro por un
buen precio.

Bueno ha llegado la hora de despedirse, aunque en realidad
no se trata de un adiós, sino más bien de un hasta luego, debido a que aún
queda mucho que desarrollar sobre este extenso tema, por ello sólo queda
deciros que…
CONTINUARA