EL RASTRO DE SEVILLA
Después de un Sábado en el que nos recogimos el Domingo a las 5 de la mañana, nos despertamos a las 9 para salir tempranito hacia la capital de Andalucía.
Era una bonita mañana de Domingo y decidimos acercarnos al Rastro de Sevilla. Anteriormente habíamos estado en el Rastro de Cádiz, el cual nos pareció bastante interesante ya que compramos algún que otro parche Heaby y comics de Dragon Ball.

Tras una hora y pico en la autopista y pagar en el peaje 5,30€ cuando llegamos a Sevilla no había forma humana de aparcar, hasta que al fin un rayo de luz iluminó nuestro camino y aparcamos en una bonita acera amarilla del Palacio de San Telmo, el cual estaba en obras. Conservábamos la esperanza de que no trabajaran los obreros en Domingo.

Justamente al lado de la Catedral, en la Plaza Cabildos era lugar donde se ubicaba el rastro, a simple vista notamos alguna diferencia con el de Cádiz.

En este rastro no vendían revistas manga, ni vinilos. Sólo y exclusivamente se vendían antigüedades como monedas, billetes, cuadros...

Esto no empaño nuestra visita a Sevilla, sino al contrario, ya que se pudo ver alguna que otra curiosidad, además Holgado encontró algo acorde con lo que buscaba.

Una vez terminada nuestra visita al rastro había llegado la hora de comer:

Cerca de donde se aparcó el coche había un hotel restaurante de cinco estrellas que cumplía nuestras expectativas culinarias.
Entramos y preguntamos precios, el recepcionista nos mostró amablemente la salida.

No quedo más remedio que recurrir a la comida basura.

Bueno ya que estábamos en Sevilla había que ver los monumentos más famosos.

Algunos eran más antiguos que otros.

Se disfrutaba de una vistas fabulosas desde la Jiralda.

Al entrar en la Catedral el sentimiento que guarda tan fielmente la huella de cientos de generaciones que en ella han habitado y que hablan con tanta elocuencia a los ojos del profano, revelan tantos secretos entre las ideas y costumbres de cada siglo, con forma de carácter especial impreso en cada una de sus obras desde el altar hasta la más insignificante.

También nos acercamos por la Plaza de España, en la que dos gitanas nos obligaron a coger una mata de “romero” y nos leyeron la buenaventura, luego empezaron a maldecidnos cuando no les dimos ni un euro.

Holgado quería hacerse una foto en el Banco de Barcelona pero había un grupo de catalanes que lo reclamaban como nación, así que tuvo que conformarse con Cádiz.

FIN