TODO EMPEZÓ:

 

 

Miércoles 3/10/07

 

Me paso por la casa de Maese Holgadín para recogerlo y hacer una visita rápida a las niñas de la Barca. Allí pasamos un buen rato en el Refugio junto a Noemí, Ana, Nely y Franecillo de los Bosques, durante el camino de vuelta charlamos tranquilamente sobre temas intranscendentes, y de repente, antes de llegar a la casa de Holgado le suelto:

¿Nos vamos el viernes a Toledo?

 Holgado soltó un vale no muy convencido, pero al día siguiente fue a la casa de su tío a por un colchón.

 

Viernes 5/10/07


         Nada más salir del curro tiro para mi casa a toda velocidad. A las 6:10 llego, muy nervioso, a la casa de Holgado con la Berlingo del Papa y lleno de maletas. Holgado cargó su escaso equipaje y el colchón, menos mal que salió la madre de Holgado con una maleta llena de víveres. A las 7:04 comienza nuestro viaje a Toledo.  


            Pasamos Sevilla y luego Córdoba, Alas 10 de la noche hacemos una paradita en una estación de servicio dirigida por marroquíes para repostar combustible y comisquear algo. 

Vimos una mesa y unas sillas tiradas en un jardín, las limpiamos un poco, las pusimos en medio del parking para comer la tortilla de patatas, coca-cola, y natillas de galletas. Todos por cortesía de mama Holgado.

Cuando volvimos a salir a la carretera no parábamos de ver bares con lucecicas, me refiero a esos clubs donde van la gente a relajar la mente, y lo que no es la mente. Definitivamente íbamos por buen camino.

Sábado 6/10/07


      
Hacemos entrada en Toledo ¡¡Ciudad mágica donde las haya!! A las 1:15 de la madrugada después de 6 horas de viaje, aparcamos el coche en doble fila y salimos de él pegando botes y flipandolo en colores.
          Una vez en calma buscamos aparcamiento y sin querer dejamos la Berlingo en el mejor sitio de la ciudad. A los pies de la Puerta de la Bisagra, la puerta principal de la ciudad amurallada,

Sólo con andar unos pasos topamos con Cristina, una chica muy simpática, que venía de trabajar, en la sede de Tele Castilla, Básicamente nos dijo que Toledo in the night no valía nada y para salir de marcha lo suyo era ir a Madrid.

Nos perdimos un rato por la oscuridad de la ciudad, y sobre las 3 volvimos al coche para acostarnos (sin mariconeo). Se plegaron los asientos hacia delante y se extendió el colchón, pero ni Holgado daba a lo largo.

¡¡Qué noche más mala!! Nos levantamos fatal, pero con muchas ganas de ver una ciudad desconocida y con tanto atractivo.


           

Mapa en mano, nos dimos una pateada de tres pares de narices, con la intención de ver casi toda la ciudad en el hueco de la mañana. Desde luego se trataba de una auténtica ciudad medieval, fortificada con gruesos muros de piedra y calles laberínticas. Valía la pena perderse tanto en el espacio como en el tiempo.


 

            Aprovechamos que era jornada de puertas abiertas. Pero en muchas casas no querían abrirnos.

           

            Al poco tiempo descubrimos que lo de jornadas de puertas abiertas se refería a que era gratis entrar en algunos monuments.

            Nos pasamos por algún que otro museo y sobre todo por la catedral. Había muchos guiris esperando en la puerta para entrar y sino fíjense en las sombras una es la mía pero la otra…

        

Que suspense… ¿Quién será?

Eso sí, espadas, espadas y más espadas. Era el paraíso para aquellos que amamos el acero.

            Entre en un proceso de meditación y busqué la espada más acorde a mi presupuesto. A las 6:10 de la tarde volvimos reventados al coche, ya le había echado el ojo a una. Y en ese momento Holgado dijo:

         -¿Vamos ha comprar tu espada y nos vamos a Madrid?

         -Vale – respondí.

 

         Camino a la tienda de espadas Holgado tuvo una iluminación. ¡¡¡María!!! Amiga nuestra desde hace ya algún tiempo, lleva 3 semanas estudiando en la capital, no tardo ni tres segundos en llamarla y sólo bastó un hola, ¿Estas en Madrid? ¿Qué vas hacer? ¡¡Vamos para allá!! Así pues con la espada en la mano nos despedimos de Toledo y seguimos dirección Madrid.


A las 8 de la tarde ya estábamos en las puertas de la Universidad Europea donde estudia y reside María. Al encontrarnos, la alegría fue grandiosa.



            Ella había quedado con una amiga para salir de juerga. ¡¡¡PERFECT!!! Acto seguido cogimos el bus, para acceder a la primera boca de metro.


            Todo era frenético, una sonrisa dibujaba nuestros rostros sin creer todo lo que estaba aconteciendo e inconscientes de lo que había sobre nuestras cabezas.

Dentro de uno de los pasillos estaba esperando Marta, la amiga de María, una chica encantadora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Y de repente al subir unas escaleras con el grabado de: metro LA GRAN VIA luces, edificios, gente, fue como un shock.

A las 9:30 de la noche estábamos en el centro de Madrid, viendo tiendas inmensas, edificios y dirigiéndonos a un Starbucks para comprar un batido de chocolate, que le gusta mucho a Marta.

Hubo una pequeña parada para comer, y ya en ese momento, sólo 2 horas y poco después de conocernos Marta entro ha formar parte de nuestra familia.


 

            De hay fuimos a Tribunal, donde hay pubs y locales de salida y conocimos a Nicolás.

 

Un compañero de clase de Marta. Un personaje: guapo, simpático, agradable, hospitalario y con dinero. ¡Que cabrón! ¡Menuda envidia!

Domingo 7/10/07
        

Estuvimos de fiesta hasta las 6 de la mañana y fuimos a descansar un poco a casa de Nicolás. ¡La noche genial! ¡Estupenda!

 

 

 


 

A las 9 de la mañana se fue Marta. María, Holgado y yo fuimos a desayunar y de camino ver Madrid en 8 horas.

 

A las 5 de la tarde estábamos Holgado y yo totalmente destrozados, la caminata asta el Santiago Bernabeu nos dejo tiesos, y no pudimos disfrutar todo lo que nos hubiera gustado del  Parque del Retiro.

 


     
Gracias a María nos pudimos duchar, descansar un poco hasta la hora de cenar.


 

            Lunes 8/10/07


          A las 7:45 suena el despertador de María y se prepara para ir a clase, mientras Holgado y yo recogíamos un poco el cuarto y también nos preparábamos para marchar.

A las 9 habíamos quedado con Marta para despedirnos, que amargas pueden llegar a ser las despedidas. Estando con Marta apareció María que tenía un hueco libre y pudimos despedirnos de las 2 antes de que volvieran a clase.


A las 10 de la mañana Holgado arrancó el coche y emprendimos el viaje de vuelta a Jerez, sin poder reprimir esa sensación de melancolía y tristeza que este grupo de amigos improvisado había impreso en nuestros corazones, y con esta sensación nos despedimos no sin antes dar un millón de GRACIAS a María por ser tan estupenda, tan grande, y tan buena amiga.

A Nicolás y sus colegas, por sin conocernos de nada, ofrecernos su amistad, la de sus amigas y su casa.
         A Marta por hacernos sentir tan amigos, tan hermanos, tan unidos en tan pocas horas. ¡Eres genial tía!

         Y por último, agradecer a los inventores de navegador tomtom, por la de marrones que nos ha librado. 


 

 

FIN